Paul Gauguin en busca del paraíso perdido

Uno de los pintores postimpresionistas más destacados del panorama mundial fue Paul Gauguin, nacido en París el 7 de junio de 1848, cuando aún no habían transcurrido ni dos años desde el descubrimiento de Neptuno, un planeta muy significativo en su carta, como veremos a continuación. Dotado de un gran talento para la pintura, fue el máximo representante del simbolismo pictórico y precursor de las vanguardias artísticas de principios del siglo XX junto a sus coetáneos Cézanne, Lautrec y Van Gogh. Aunque comenzó a pintar siguiendo los cánones impresionistas, pronto empezó a experimentar nuevas técnicas. Cansado de los modelos europeos, puso rumbo a las islas de la Polinesia Francesa, donde esperaba encontrar un entorno más inspirador, alejado de la civilización y la decadencia del viejo mundo que constreñían su libertad.

De carácter orgulloso como presupone su Ascendente en el signo de Leo, con un Sol elevado que se expresa en casa X, la de las actividades públicas. Esta posición del Sol inclina al triunfo y al liderazgo. Aunque nacido en Francia, tenía ascendencia peruana por línea materna con la que se sentía especialmente identificado, reivindicando siempre sus «orígenes primitivos y salvajes», como a él le gustaba referirse. A los dos años de edad, su familia se trasladó temporalmente a Perú, lo que supuso su primer contacto con el primitivismo, cuya búsqueda se convirtió en una constante en su vida. Este hecho coincidió con la cuadratura exacta por direcciones de arco solar de Neptuno a su Venus natal.

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Venus, su planeta vocacional y regente del Medio Cielo, se encuentra en casa X, en el signo dual de Géminis, indicando más de una ocupación. Gauguin desempeñó varios oficios a lo largo de su vida, uno de ellos fue el de agente de bolsa que le permitió disfrutar durante varios años de una situación holgada con la que mantener a su familia, pero a raíz de la crisis económica de 1882 perdió su trabajo, momento que coincidió con el tránsito de Neptuno por su Medio Cielo. Esta circunstancia hizo que abrazara definitivamente su faceta artística, entregándose de lleno a la pintura, la profesión por la que verdaderamente es conocido y por la que en 1885 –año clave en su vida– se separó de su mujer e hijos, coincidiendo con la cuadratura de Plutón por direcciones de arco solar a Neptuno. Venus es también el planeta focal de una T cuadrada en signos mutables, que canaliza en forma de creatividad toda la fuerza de esa oposición entre Neptuno y Luna. Su disposición natural en signos mutables lo inclina a un especial interés en las relaciones personales, en el otro y lo provee de una capacidad para adaptarse a nuevas situaciones.

El modelo planetario que presenta esta carta es el de una taza. Todos los planetas están contenidos en un ángulo de 180º prácticamente exacto, formando un semicírculo. Las personas con este patrón poseen un alto grado de autosuficiencia y de dirección enfocada al cumplimiento de una misión concreta. El individuo se involucra en cualquier cometido que emprenda hasta sus últimas consecuencias, pone el alma en alcanzar un objetivo. Gauguin tenía el convencimiento de que estaba llamado a realizar una misión en la vida; su esfuerzo va dirigido a lograr un lugar en el mundo, puesto que se trata de una taza hemisférica con todos los planetas situados en el hemisferio sur, excepto la Luna que, en esta posición, solitaria en un hemisferio, adquiere un peso considerable en la carta del nativo y se vuelve especialmente intensa. Además, se encuentra en una casa angular, en la primera, su fuerte personalidad lo inundaba todo. Es también el único planeta en signo de tierra, carencia que se manifiesta en su falta de sentido práctico. La Luna se encuentra en recepción mutua con su Mercurio, con el que además realiza un sextil; esto facilita la expresión de sus emociones y se convierte en válvula de escape para su canalización.

La oposición borde de la taza formada por la Luna y Neptuno enfrenta los intereses personales con los del otro, casa I y casa VII. Este choque entre los dos planetas opuestos requiere de una voluntad de integrar los intereses propios con los ajenos, el tú y el yo, las necesidades ajenas y las emociones propias.

El planeta guía de la taza, el primero que avanza hacia el espacio vacío de la carta en el sentido de las agujas del reloj, es Neptuno que se encuentra en la casa VII, la casa de las relaciones. En el momento de su nacimiento el planeta estaba retrógrado, situado por tanto a una distancia del Sol superior a 101º. Neptuno comienza su retrogradación cuando se dirige a un momento de máxima elongación, alejándose del lugar que ocupa el Sol, que es la individualidad, la autoconciencia, nuestro centro. En consecuencia, durante este periodo la actividad del planeta se manifiesta de una manera menos consciente, más al margen de su voluntad.

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Arearea o la felicidad en el paraíso, versión de Javier Granados.

La energía de Neptuno actúa disolviendo estructuras; encarna el proceso de universalización, la unión trascendente, la expansión de la conciencia… además de la inspiración creativa. Ahí donde se encuentra Neptuno se desdibujan los límites y así es como Gauguin representa al otro en sus creaciones: su pintura está plagada de figuras, principalmente femeninas, que se funden con la naturaleza, creando ambientes con un halo de misterio, enigmático y melancólico. Se trata de figuras idealizadas. Neptuno encarna el amor universal, la entrega, perderse en la fusión con el otro, poner fin a la separación. Cuando Neptuno lidera el modelo planetario erigiéndose en planeta focal, el individuo ve acentuada de tal manera esa energía de disolución de límites que puede conllevar un descontrol, la creencia en algo se vuelve tan extrema que acaba cegando al individuo y la fe en una causa deriva en fanatismo. Vargas Llosa en su novela El paraíso en la otra esquina describe a Gauguin como un fanático que se dedica en cuerpo y alma a la búsqueda de un paraíso perdido que ya solo existe en su imaginación.

El símbolo sabiano del grado que ocupa Neptuno, 3º de Piscis, es «Un bosque petrificado». Este símbolo habla precisamente de la pervivencia del pasado, de una cultura primitiva que perdura aunque solo de manera estática, sin vida. El riesgo aquí está en quedarse anclado en un tiempo que ya no existe y negar el progreso, en la falta de habilidad para adaptarse al cambio, en quedarse anclado en un pasado carente de vida real.

Solo uno de los planetas, Marte, se encuentra en signo fijo. Lo explicaría la dificultad que tuvo para mantener un estilo de vida estructurado y estable.

La cuadratura partil entre Júpiter y Urano constituye el foco dinámico de su personalidad. La tensión necesaria que impulsa a la construcción de algo, a la creación de una obra, es la cuadratura. La forma en que se manifiesta en su labor creativa es desde la experimentación de Urano, el planeta innovador por naturaleza. Gauguin buscaba nuevas formas de expresión a través del uso de colores fuertes y luminosos, de la modificación de los contornos hasta conseguir que las siluetas de las figuras se fundieran con el paisaje en un plano único, renunciando a la perspectiva y a las sombras. La idea era que la obra en su conjunto lograra transmitir emociones. Esa inventiva bien llevada contribuye a una expansión social, la cuadratura con Júpiter que se encuentra en casa XI, en su grupo, en el colectivo de los pintores al que pertenecía y que buscaba nuevas formas de expresión. El pintor actúa desde una función subjetiva; su dirección en la vida surge desde dentro, desde una creencia en sí mismo. El momento en que comienza esta actividad experimentativa es 1885 −año al que ya hemos hecho referencia− cuando el Sol por progresiones secundarias hace conjunción con ese Júpiter, que es también dispositor de Neptuno. Este planeta que es además regente de la casa V se haya en Cáncer, el signo de su exaltación. Gauguin, cuyo espíritu aventurero era de sobra conocido, llegó incluso a enrolarse en la marina siendo aún un adolescente. Hombre de excesos, contrajo varias enfermedades, entre ellas sífilis, que mermaron su salud y acabaron con su vida a la edad de 54 años.

 

Bibliografía

JANSKY, Robert C.: Planetary Patterns. Astro-Analytics Pubs, 1977.

JONES, Marc Edmund.: The Sabian Symbols in Astrology. Aurora Press, 1993.

SULLIVAN, Erin: Retrograde Planets: Traversing the Inner Landscape, Weiser Books, 2000.

VARGAS LLOSA, Mario: El paraíso en la otra esquina, Madrid, Alfaguara, 2003.

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Fotografía de cabecera: Tres mujeres tahitianas, Paul Gauguin, 1896, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York, EE. UU.

 

© 2018 Mercurio Estacionario

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