Astrología, determinismo y libre albedrío

La delimitación del nivel de determinismo al que estamos sujetos como individuos suscita un enorme interés, además de generar gran controversia, no solo entre los astrólogos sino en cualquiera que se disponga a reflexionar sobre el sentido último de la vida.

La astrología tradicional proyectaba un fatalismo sobre la existencia del nativo que la dejaba prácticamente relegada al poder inexorable del destino y que excluía casi cualquier participación voluntaria en el discurrir vital, a cuyos designios debía resignarse. Esta consideración ha ido perdiendo adeptos paulatinamente con el paso de los siglos, de manera que el papel que la libertad individual juega en nuestra propia evolución ha ido adquiriendo un mayor peso; aun así conviven distintas consideraciones al respecto, no solo en el ámbito astrológico. A pesar de las discrepancias, ningún astrólogo puede sustraerse de reconocer que la vida está, en cierto modo, orientada, de lo contrario no tendría sentido examinar una carta astral, pero ¿hasta qué punto puede el hombre participar en su propia evolución? Partimos del principio de que el mero hecho de dedicarnos a la práctica astrológica conlleva el reconocimiento y la aceptación de un cierto grado de sincronicidad entre los movimientos celestes y el transcurrir de la existencia sobre la Tierra.

Desde las épocas más remotas, el hombre ha mirado al firmamento para intentar entender el orden cósmico, el sentido de los ciclos planetarios y su correlación con la sucesión de acontecimientos en su entorno, aplicando sus deducciones a tareas tan rutinarias como pueden ser la siembra o las cosechas. Está sobradamente contrastado que la emisión de ondas electromagnéticas que producen tanto el Sol, la Luna, como los planetas de nuestro sistema, activan unas determinadas respuestas en la vida sobre la Tierra. Solo tenemos que remitirnos al ciclo lunar o a las repercusiones que las perturbaciones ocasionadas por los eclipses pueden tener en el clima o en el comportamiento de los seres vivos, para comprobar a simple vista algunos de los efectos más palpables de las influencias cósmicas.

Cuenca
Cielo estrellado en la provincia de Cuenca (España)

Si nuestra vida estuviera totalmente determinada, la existencia carecería de sentido, ya que nuestra misión vital se vería reducida a un mero existir intrascendente, a un automatismo carente de voluntad como el de los seres inertes. La tarea de vivir del ser humano requiere de un hacer algo, de actuar, de reaccionar de manera más o menos consciente ante el incesante acontecer de sucesos. Nos hallamos inmersos en un continuo proceso de realización. El hombre es un constante «hacerse a sí mismo», como dice Ortega. Podemos afirmar que desde que nacemos estamos orientados hacia un proceso que es el desarrollo de nuestro propio potencial, lo que verdaderamente da sentido a nuestra existencia. Partimos pues de una determinación inicial que nos viene dada al nacer; esta determinación está relacionada con un carácter que se materializa en un tiempo y en un lugar concretos. La carta natal es un comienzo, un proyecto del yo que se materializa y que está llamado a realizarse. El momento exacto del nacimiento es plasmado en un mapa natal y a partir de ahí tenemos todo un plan de desarrollo. Así, el Sol en Capricornio imprime un carácter muy diferente al del Sol en Leo, y con esto nos estamos refiriendo únicamente al signo que ocupa la luminaria diurna en dos épocas del año bastante distantes que confieren un carácter muy distinto a la individualidad del ser. En ese sentido, ser auténtico es vivir conforme a nuestra propia naturaleza o, lo que es igual, ser fiel a uno mismo, a lo que uno ya es cuando nace. Vivir de manera auténtica significa conocer y aceptar tanto las fortalezas como las limitaciones con las que contamos, ya que la verdadera libertad para moldear nuestro propio destino se asienta en un profundo conocimiento de nuestra genuina naturaleza, de quiénes somos y de qué podemos realizar con ese plan al que estamos orientados. El hombre va descubriendo a su verdadero ser en el proceso vital. Las continuas elecciones a las que estamos convocados van forjando nuestra existencia y nuestro nivel evolutivo. No elegimos el qué pero sí el cómo vivirlo. En este sentido, la astrología se convierte en una poderosa herramienta de autoconocimiento y crecimiento individual en la medida en que permite el reconocimiento de nuestra auténtica naturaleza para, desde ahí, poder desarrollar todo su potencial. Una carta se podrá desarrollar de un modo u otro según el grado de consciencia con que actúe el individuo.

Es en la dialéctica determinismo-libre albedrío donde tiene lugar la evolución del ser humano. Además, el hombre puede posicionarse de una u otra forma ante una situación dada; es libre de adoptar cualquier postura frente al sufrimiento o las crisis, situarse en la voluntad de superar el momento, de trascenderlo o de quedarse atrapado en la negatividad y en la impotencia. Supongamos, por ejemplo, que el destino de mi vida consiste en realizar mi vocación artística. Esto podría venir determinado en cierta medida por los astros, pero el modo en que me apropie y ejerza mi vocación es competencia exclusivamente mía: es el ámbito de mi soberanía personal, aquel que está bajo el poder de mi libertad. Quizás no pueda decidir mi vocación, pero lo que sí puedo es explorar las plurales vías de su realización. En realidad, no importa demasiado aquello que nos ocurra, lo que importa es qué hacemos con lo que nos ocurre, porque en la elección, en el ejercicio del libre albedrío está implícita la verdadera responsabilidad como ser humano, ya que toda acción acarrea unas consecuencias e incide en nuestro futuro o en el de los demás. Las crisis vitales son verdaderas oportunidades para la evolución, son el motor que nos empuja a decidir y a actuar. Estos periodos de intensa actividad son cruciales en el desarrollo evolutivo del individuo. Un tránsito de Plutón sobre el Sol natal o una dirección de Saturno sobre nuestro Medio Cielo representan momentos críticos en los que la respuesta individual dependerá del grado de consciencia con que vivamos nuestro desarrollo personal e incidirá sobre nuestro futuro. No importa tanto cuál sea el problema al que se enfrente el individuo sino la toma de conciencia que supone esa circunstancia, el aprendizaje. Pero, además, el ser humano, a diferencia de lo que ocurre en otras especies, puede volver sobre lo ocurrido, reflexionar sobre la experiencia y aprender de lo sucedido a posteriori; el aprendizaje se complementa también con la reflexión sobre aquello que hemos vivido.

Vemos pues que el ejercicio del libre albedrío es posible desde la consciencia de una libertad orientada. Así, el astrólogo ejerce el libre albedrío a partir del reconocimiento de que una determinada posición de los astros inclina en una dirección y no en otra. De esta forma podemos escoger el momento más adecuado para podar un árbol, para constituir una sociedad o incluso para decidir el inicio del reinado de un monarca, tal y como hizo el astrólogo y matemático John Dee en el siglo XVI cuando eligió, con las limitaciones del escaso margen de tiempo de que disponía, el mejor momento para la coronación de Isabel I de Inglaterra, sacando provecho de las circunstancias y propiciando un dilatado reinado como así sucedió.

Una de las citas más célebres de Dostoyevsky es «Solo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos». Viktor Frankl recordaba esta frase durante su estancia en los campos de concentración nazis al ver cómo los internos afrontaban la vida en aquellas condiciones extremas. Esa libertad íntima de decidir el modo de enfrentarse a las crisis es consustancial al ser humano e irrebatible, porque forma parte de nuestra propia esencia; es lo que nos hace estar a la altura del momento que vivimos y que nos va forjando como individuos. El hombre se va moldeando a sí mismo en cada elección. Cada instante, cada crisis, cada situación límite abre ante nosotros un nuevo desafío que superar en el camino de nuestro desarrollo y crecimiento.

En cierta medida, para vivir, el hombre está obligado a ser libre, a elegir y a tomar decisiones constantemente. Renunciar a esto sería también renunciar a la propia existencia, cuando ya no elegimos es porque hemos claudicado.

———————-

Fotografía de cabecera: La Escuela de Atenas, fresco de Rafael. Museos Vaticanos.

Un comentario sobre “Astrología, determinismo y libre albedrío

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s