LA PRÁCTICA ASTROLÓGICA

 

La astrología surge de la necesidad de encontrar un sentido a la vida, de comprender la armonía que sustenta y ordena el cosmos. Desde la antigüedad el ser humano se ha valido de los ciclos planetarios como herramienta para medir su propia existencia. La carta astral es una representación gráfica del cielo en un momento y lugar determinados, que incorpora unos símbolos susceptibles de ser decodificados en el análisis. Hablamos aquí de carta en el sentido de mapa, en la acepción cartográfica del término, dispuesta para ser empleada a modo de guía con el fin de dilucidar la correlación real entre las energías celestes y las cualidades que cada persona podrá evidenciar en la consumación de su proyecto vital.

La astrología, que hunde sus raíces en una tradición milenaria, se ha ido enriqueciendo en el proceso de evolución del ser humano y su entorno. Va inexorablemente ligada a la cultura circundante y, por lo tanto, su análisis ha de estar en consonancia con el momento histórico. Lo mismo que cualquier lengua evoluciona para asumir y referirse a nuevas realidades, el lenguaje utilizado por los antiguos astrólogos ha quedado en parte obsoleto, ya que los referentes surgidos en este contexto requieren de un código más evolucionado y actual. Las interpretaciones fatalistas medievales han dado paso a un discurso menos determinista y más centrado en potenciar el desarrollo personal, en descifrar la libertad orientada del individuo.

La interpretación astrológica es un arte que cobra vida en cada nuevo estudio. En la lectura personal, el astrólogo decodifica ese lenguaje de símbolos para desentrañar su sentido y ponderar el alcance de las fuerzas que interactúan en el mapa, valorando las posibilidades de desarrollo que ofrecen. En ese todo que es cada carta, destacará las que sobresalen, particularizan y la hacen única, para orientar al consultante en referencia a su potencial de crecimiento, en lugar de presentarla como una sucesión aforismos inconexos, obligaciones y acontecimientos que impone el destino. La carta natal es mucho más que la suma de unas fuerzas que actúan de manera aparentemente contradictoria, es un todo integrado que funciona. Aunque en el proceso de interpretación la vayamos seccionando y  analicemos cada parte de manera aislada, no conviene alejarse de la premisa de que el ser humano se experimenta en todas las casas y con todas sus energías funcionando a la vez. En este sentido, la mirada del astrólogo ha de ser global e integradora. En el curso de la interpretación, la labor del profesional debe consistir en aconsejar sobre cómo proceder para que todo ese potencial que muestra la carta funcione de manera constructiva, para que sea empleado de forma creativa y eficaz en el acontecer diario. Cada una de las energías puede aprovecharse extrayendo lo mejor de ella o haciendo un uso pernicioso de su fuerza. De igual forma, una misma crisis puede servirnos de estímulo en el desarrollo personal o todo lo contrario, según nuestro personal grado de conciencia.

 

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